Peregrina rumbo a Lourdes, Francia

Lourdes

En este viaje tome mil fotos, quería guardar algún recuerdo de todo lo que estaba sintiendo. Pero el mejor lugar donde guardar eso es sin duda el corazón, aún más que la memoria.

Desde que venía sentía un llamado divino de venir a este lugar, no sabía lo que iba a pasar pero todos los que ya habían estado me habían compartido lo impresionante que es estar aquí.

A diferencia de lo que se podría pensar, cuando llegas a Lourdes… Te encuentras con una pequeña ciudad repleta de gente proveniente de todas partes del mundo, también hay cientos de hoteles. Muchos comercios, sobre todo, y al parecer de italianos.

Pero me voy a ir en orden. Cuando supe que tenía que ir a Europa de trabajo y que pasaría por Madrid, tuve la idea de quedarme el fin de semana para visitar alguno de estos tres lugares: Fátima, Santiago de Compostela o Lourdes, le pedí una señal a dios para que el me dijera a donde y entonces a los tres minutos empezaron a llegar, al parecer era la virgen de Lourdes la que fue la encomendada para revivir en mí el sentimiento de espiritualidad que tanto estaba buscando, esas ganas de ser testigo de una revelación o por lo menos estar en el lugar donde la virgen se reveló a santa Bernardita.

Para obligarme a venir y no poner pretextos de última hora, me aloqué y compré el vuelo a Lourdes, únicamente el de ida. Me fui a Lourdes solo con boleto de ida, sin tener una idea de dónde me iba a hospedar o cómo iba a volver para tomar mi avión de regreso a México, este sentimiento de incertidumbre y al mismo tiempo de aventura me tuvo angustiada algunos días… Y es que la incertidumbre y el miedo son tan grandes a veces que no nos permiten hacer las cosas, incluso pensé y recibí el consejo de perder el vuelo y mejor no ir, pero eso no era opción para mí, por eso había comprado el vuelo de ida, porque yo iba a ir sí o sí, era parte de mi promesa de empezar a cumplir promesas a corto plazo y ahí estaba una, la tenía que cumplir.

Cuando llegué a Lourdes me bajé del avión y seguí a los demás, no veníamos muchos, solo curas y adultos, parecía que me había equivocado de avión. No había mucha gente de mi edad pero al final eso era lo que menos importaba. Al llegar no había ni un alma en el aeropuerto y un padre me ayudó, nos fuimos juntos en un taxi y me indicó en dónde debería empezar mi visita, me confesó que él había sido testigo de varios milagros ahí.

Vi a otro padre, él se llamaba Rodolfo, argentino con toda la finta de español. Demasiado agradable y bueno, sería el mensajero de informar al rector sobre el donativo del padre de mi jefe para restaurar la virgen de Guadalupe (esta fue una de las señales que recibí para venir acá) que se encuentra en la basílica. Pero aprovechamos y también hablamos de los motivos por los que yo estaba ahí.

Después fui a visitar todo lo que había que ver, logré colarme en las piscinas, esto es el lugar donde la gente se mete y en dónde han ocurrido varios milagros de gente que no puede caminar y camina. Te desvisten y con una toalla encima te meten a una especie de tina con agua helada, de verdad helada y ya estando ahí no tienes como decir que no, imagino que mucha gente piensa que es agua templada pero no, ya estando ahí lo haces y te aguantas el frío y cuando entras las palabras que te dicen es que dejes todo y te recojas en dios, rezas una oración, te metes por completo y sales. Al final el frío es lo de menos, el poder de la oración es tan fuerte que lo que estás pensando al menos en mi caso fue en mis seres queridos para que les alcanzará la bendición que estaba recibiendo, ya con eso había valido la pena. Fui la última del día.

Salí y fui a una peregrinación impresionante, eran las 9 de la noche y estaba lleno, miles de personas rezando el rosario que se hacía en todos los idiomas, a pesar de la experiencia tan linda que había tenido, tengo que decir que estaba cansada y prefería irme al hotel. Pero conocí a una amiga llamada Belén de Tenerife y ella estaba tan emocionada del momento y la peregrinación, que me dio pena decirle que yo me iba, así que me quede y ella incluso me prestó su vela, empecé desganada, pero cuando menos acordé ya estaba rezando y cantando y me sentía parte de algo grande hecho todo por un gran número de gente con vidas pequeñitas y cortas, si se nos compara con la inmensidad de la eternidad.

Mi paso por la gruta fue rápido, estuve en el lugar donde Bernardita vio a la virgen, de ahí sale el agua del manantial que todo el año brota desde hace muchos años, el agua es curativa y la gente se la lleva a sus casas. También al día siguiente fui a rezar temprano, a las 6 am, cuando los demás dormían, me alegre de haber madrugado… a veces se necesita soledad para poder escuchar lo que el mismo aire te quiere decir. Después empecé a caminar para ir a la estación de trenes, me había costado trabajo conseguir regreso y me pesaba la mochila y me dolían los pies y entendí que ese había sido mi peregrinaje de dos días.

Entendí sobre la gente que había conocido y la experiencia de estar ahí.

De los obstáculos que se presentan cuando hacemos algo que aunque no tenemos la certeza, sabemos que valdrá la pena. Y de las subidas y bajadas a veces mentales que nosotros mismos nos ocasionamos. También me conmovió la fe tan grande de la gente.

En fin, valió la pena y jamás olvidaré esta peregrinación a Lourdes que sin duda le dio más sentido a mi vida.

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