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El príncipe azul: y fueron felices… ¿por siempre?

Aunque este relato es más para mujeres, si eres hombre y lo estás leyendo, quizás también te interese saber la perspectiva de las mujeres con respecto al príncipe azul (por qué ese, ese podrías ser tu).

Definitivamente a los treinta años una se empieza a hacer a la idea de que la historia del príncipe azul era toda una mentira. El caballo blanco, para llevarte a todos lados, la espada para defenderte de todo y de todos y esa capa azul para cubrirte del frío y de la lluvia, sin olvidar que es un príncipe que te llevará al castillo en donde estarán todos los sirvientes para atenderte.

Estuve en Bruselas la semana pasada y estuve a punto de comprarle un sapo con una corona a mi pequeña sobrinita Scarlett, pero me detuve y pensé “NO NANCY, NO LO HAGAS, NO LE VAYAS A CONTAR EL CUENTO DE BESAR AL SAPO QUE SE CONVIERTE EN PRÍNCIPE”, si le compraba ese sapo con corona, eventualmente la niña empezaría a preguntar y terminaría contándole esa historia que repito, era una mentira.

En realidad no quiero sonar amargada ni nada por el estilo, tengo que decir que mi príncipe azul no llegó en un caballo, ni vive en un palacio, ni tiene docenas de sirvientes, ni se dedica a protegerme con su espada y no tiene una capa para taparme si llueve.

Mi príncipe azul, de hecho, en vez del caballo, se acompaña casi siempre de una guitarra, no la usa para tocarme canciones, pero sé que cuando la toca a veces se acuerda de mí, no tiene la capa pero usa una chamarra negra de piel que si hace mucho frio me la presta para que no me dé frío (aunque refunfuña porque me insistió en llevar una chamarra antes de salir), tampoco tiene una espada para defenderme pero cuando está cerca de mí, se me olvida lo que es el miedo. Mi príncipe aprendió a conocerme y sabe también que no soy perfecta como decía en los cuentos (aunque los hombres no los leían, estaban más con las tortugas ninja, power rangers y esas cosas), de hecho sabe que cada 28 días me como esa manzana que me transforma en una especie de bruja (Tranquilos que solo dura unos días y nos pasa casi a todas las princesas) pero así me acepta y sabe que no es cosa mía sino más bien de la naturaleza (o al menos ese es el pretexto), no me hace poemas todos los días, pero cómo me hace reír y me pone simple. Mi príncipe no es el príncipe de los cuentos, pero sabe bien como equilibrarme.

El príncipe es un hombre de carne y hueso, que busca ser feliz igual que nosotras, que busca ser amado y comprendido. Todos buscamos el final feliz de los cuentos, pero la vida real no dice que la felicidad sea fácil, a veces solo se puede disfrutar después de no haberla tenido. La felicidad no está en el final, sino en la actitud diaria que tengamos hacia la vida, hacia nuestra pareja.

Un día platicando con un amigo que lleva varios años casado y tiene varios hijos, le pregunté ¿Cuál crees que sea el secreto para que una relación dure? Y él me decía que la generosidad.

También mi papá me dijo que el amor de tu vida es con quien la compartes. Es un camino en donde cada uno va cediendo y en donde lo más importante es reconocer el amor que se le tiene al otro, respetándolo.

Otra cosa que creo importante en la búsqueda del “y fueron felices por siempre” y que me la enseñó mi príncipe que suplió al caballo con la guitarra, y es que cuando hay un conflicto, lo más importante es que las dos partes quieran hablar y arreglarlo, si existe esa disposición, todo lo demás se puede lograr.

Mi humilde opinión es que el “y vivieron felices por siempre” hay que borrarlo del mapa y cambiémoslo por un “y decidieron vivir juntos por siempre y apoyarse mutuamente y estar el uno para el otro y comprenderse y amarse y tolerarse y dialogar y hacer todo lo que se tiene que hacer para permanecer juntos disfrutando todos los momentos felices que la vida les regale en el transcurso de sus vidas”

FIN

Imágenes de:
thefashionisto.com

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Written by Nancy Elizabeth Fonseca Caldera

Servidora de los demás por influencia de mis padres, buscadora de la justicia por profesión, demócrata por convicción y humanista por vocación. Creo firmemente que la libertad espiritual es el eje rector de la felicidad, creo en el valor de la familia y en que el éxito está en tener sueños y buscar las herramientas para combinarlos con acciones.

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