Maoríes y el piripipí

No siempre, pero de vez en cuando, experimento una profunda tristeza, son días que me dejo caer. Es este un estado hipo, que viene y después se va.

En ocasión de un viaje largo, a la altura de Nueva Zelanda, apareció el desgraciado. Como ya lo conozco, se que tengo que dejarlo solo, acompañarlo de eternas caminatas y noches largas hasta que se quiera ir.

Fue entonces que pasé dos tardes enteras en el Groovy Records, mirando todo lo que se podía mirar, esta disquería old school y melanco, la escenografía perfecta.

El viaje fue motivado por los polinesios. Pienso que toditos todos, tienen piripipí.

Así fue que me alejé de Auckland hasta Rotorua, ciudad de azufre, donde viven maoríes por montón. A esta altura, tenía flor de entusiasmo, me los crucé por todos lados, con esos tatuajotes y esa enormitud. Me dieron a probar un delicioso hangi, manjar calentito que emerge de la tierra.

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