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A mis queridos lectores… ¿Mis novedades? Arriba las manos, esto es un asalto.

Antes que nada quisiera disculparme por mi desaparición de casi cuatro meses en este espacio, en donde puedo compartir con ustedes mis aventuras y mis muy personales reflexiones, la verdad es que han sido tantas cosas en los últimos tres meses, que aunque no me lo crean tenia sin fin de pensamientos que me venían para escribir y contarles, al contrario de otras ocasiones; no es que estuvieran escasos, eran muchos. Pasaba algo y me sentaba a escribir, pero aún no terminaba y ya estaba pasando otra cosa que también quería contarles, para concluir y sin tanto rodeo, lo que les quiero decir, que esta vez no me desaparecí por falta de inspiración, sino porque tenía mucha.

Hoy les voy a contar dos o tres cositas resumidas en el artículo de esta semana:

El martes trece de mayo no tenia ganas de sacar mi carro, tenía que ir a una reunión y por algunos segundos pensé en ir en taxi, pero por esas cosas de la vida saque el carro y a las diez de la mañana me dirigía a la reunión en donde me esperaban ocho personas. ¿Por qué les cuento esto? Pues por lo que viene después, cuando me paré en un alto detrás de un volvo, salieron cuatro sujetos a asaltarlo, yo estaba detrás y solo observaba poniendo la mano en el pecho para mandarle la señal a mi corazón de que todo estaba bien (intentando evitar esas taquicardias que dan cuando sabes que algo viene y es inminente que llegue hacia ti, esa sensación cuando uno está en el mar y viene una gran ola, cuando tu única opción es meter la cabeza o saltar e intentar pasarla por arriba, pero estando consiente de que la opción que decidas no va a evitar que esas aguas poderosas te revuelquen). Me quede como tonta viendo hacia el frente hasta que uno de los tipos volteo a verme y con la pistola en la mano, perdió el interes en el volvo y vino hacia mi. Tuve cinco segundos para decidir si pasar la ola por arriba o por abajo, y lo único que recuerdo haber hecho fue: 1. Bajar la mirada encomendándome a Dios en donde lo único que alcance a decir fue: “cuídame, protégeme, líbrame de todo mal” y cuando termine de recitar esta oración, lo que siguió fue el ruido de la pistola pegando en mi vidrio, en donde el tipo me hacía señas para que lo bajara, entonces lo siguiente que pensé fue 2. la imagen de mi papá, diciéndome que si algún día me pasaba eso (viviendo en el DF la probabilidad existe) que diera todo, que no pusiera resistencia y fuera inteligente, pues solo son cosas lo que le quitan a uno (aunque en el momento tienes esta impotencia de que SON TUS COSAS, TU TRABAJASTE PARA TENERLAS… ¿Por qué un tipo con pistola viene y me las quita?)

En fin, me quito mis cosas, me dijo que no me quería hacer daño y se fueron los cuatro corriendo.

Mi moraleja (Esperando por supuesto que nunca les pase a ustedes, ni a nadie de sus conocidos):

1. Nunca pongas resistencia. Son tipos que no les importa tu vida, si se ponen nerviosos o los agarras de malas, van a disparar. S
2. Lleva tus cosas en la cajuela (Aunque a veces también la abren)
3. Nunca lleves todas tus tarjetas, dolares, pesos y euros en una sola cartera…. 
4. Si tienes dos celulares, siempre deja uno fuera de la bolsa y escondido (con ese vas a poder llamar para que alguien te auxilie)
5. Ve luego luego a levantar la denuncia, al menos en el DF solo guardan 7 días hábiles los vídeos (o eso me dijeron)
6. Si levantas la denuncia, no esperes que te regresen tus cosas, no lo hagas deseando que atrapen al ladrón, piensa que es un deber ciudadano, y al menos yo lo hice para que tengan precedente de que ahí asaltan y pongan seguridad, y no le pase a alguien más.
7. Respira profundo y piensa en que son solo cosas materiales.
8. Llora de impotencia o de susto… La verdad si da miedito y creo que se vale llorar.
9. No los veas a los ojos independientemente de que es por tu seguridad para que ellos no crean que los vas a reconocer después, hazlo por ti, por tu salud mental, que por ningún motivo se queden registrados en tu mente.
10. Mi mamá me dijo que rezara por ellos… Les confieso que me cuesta trabajo, lo intenté un día pero mejor decidí no rezar esa noche…. Ni la otra noche, ni la otra. Y aún no logro hacer esa oración. Asumo que mis pesadillas de persecución que no me dejan dormir, en gran parte se las debo a ellos todavía, lo sigo intentando y se que un día de estos voy a poder encomendarlos a dios haciéndolo de corazón. No juzgarlos es difícil, aunque supongo que algo en su vida los orilló a hacer eso (aparte de la flojera de no trabajar), pero bueno lo mejor que uno puede hacer es sacar la frustración, agradecer a dios que no paso a mayores, encomendarlos de corazón (aunque esto tarde meses) y después olvidarlos.

Ustedes se preguntarán ¿por qué si quiero olvidar el suceso estoy escribiendo sobre eso y se quedará plasmado en un papel y en la mismísima web? Pues por algunas cosas muy simples, la primera por que me dí cuenta de que soy más fuerte de lo que pensaba, de que me asuste menos de lo que creía que me iba a asustar si algún día me pasaba, de que reaccione como toda una profesional, de que no fue tan difícil desprenderme de mis cosas (no se si esto cuente tanto dado que tenía una pistola apuntándome), de que me seque las lagrimas y me fui a trabajar y de que ese mismo día mis jefes me ascendieron de puesto.

Cuando tenemos una mala experiencia, es cuando somos capaces de darnos cuenta de lo fuertes que somos, aunque en el día a día aveces nos sintamos débiles y frágiles. De todo lo malo hay siempre algo bueno, yo salí librada ese día, valoré mi vida y mi integridad física y espiritual, y volví a nacer. Eso que dicen de la reencarnación puede que sea cierto pero así en vida, uno vuelve a nacer muchas veces en su vida y cada vez que renacemos somos más sabios, mas fuertes, más conscientes y por ende entendemos más lo que es la verdadera felicidad y lo frágil que es la vida y por que hay que saber disfrutarla y darle el peso adecuado a cada cosa, persona o circunstancia.

Esta es una de las muchas aventuras que me faltaba platicarles, la próxima igual les cuento del tanque de gas que iba a explotar en el mercadito de mi trabajo y como corrí mas rápido que Ana Guevara en las olimpiadas para “salvar mi vida”. No se asusten, no explotó. Pero esa se las cuento para la próxima…..

Cariños,
Nancy

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Servidora de los demás por influencia de mis padres, buscadora de la justicia por profesión, demócrata por convicción y humanista por vocación. Creo firmemente que la libertad espiritual es el eje rector de la felicidad, creo en el valor de la familia y en que el éxito está en tener sueños y buscar las herramientas para combinarlos con acciones.

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