El ritual: Tu habitación

Este es un tema que últimamente ha rondado mi cabeza. Desde que vivo sola, creo que comencé a tomar mucho más enserio esta cuestión. Cuando vives con tus padres, tu cuarto es el único lugar que realmente puedes llamar “mi espacio”. A lo largo el tiempo, mi habitación en la casa paterna tuvo varias transformaciones: Desde la habitación rosada con juguetes, pasando por la hermosa pubertad llenando de posters y postales de bandas pop mis paredes, hasta mi adolescencia donde los posters se cambiaron por boletos de conciertos y recortes de revistas.

Si lo pensamos, mis paredes estaban llenas de “decoración aspiracional” o al menos así la llamaré. Todo lo que tenía en mi habitación es un reflejo de los elementos que en determinado momento tomé, hice míos, deseche y los valiosos los recicle, conformando una parte importante de lo que ahora soy.

Defino mi habitación como “el templo sagrado de mi cuerpo y personalidad”. Se ha vuelto una cuestión de honor tener objetos que realmente me hagan entrar y decir “wow, mi espacio”, desde un par de cojines, mi lámpara de mesa, el rack de mi ropa, mis cortinas, etc. Detalles que cuando eres más pequeño difícilmente merecen importancia.

Después de esta introspección (y lo aprendido en los últimos meses), les dejo aquí los tres puntos primordiales para el ritual en cualquier habitación:

Funcionalidad y Espacio. Tu cuarto tiene el objetivo primordial de servirte a ti y sólo a ti. La versatilidad del mismo depende de cómo decidas priorizar tus necesidades (físicas y mentales). Me he dado cuenta de que el tamaño de tu habitación no importa, importa cómo distribuyes el espacio; por ejemplo si siempre haz dormido en cama matrimonial en un cuarto mínimo ¿Por qué no cambiar a una cama más pequeña y tener espacio para un cómodo sillón o escritorio?

Decoración. La batalla diaria cuando empiezas a construir una nueva habitación. Desde lámparas, blancos, cuadros, posters, fotos, calendarios, muebles, etc. La regla es que cada pieza que entre a tu cuarto debe encantarte a morir, eso refleja tu esencia y personalidad (y seguro que nunca querrás cambiar nada).

Comodidad. No importa cuántas almohadas, cojines, frazadas o lo que sea que creas que necesites para estar cómoda, debas comprar. Este es el aspecto número uno, si no, no disfrutarás estar en él.

Otros aspectos como la luz y ventanas son importantes a considerar, dependiendo del gusto personal. Recuerda que tu habitación es un espacio en donde la palabra escatimar, no debe existir.

Imágenes de:
pinterest.com

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