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Bahía Bonita

Roberto, este mi particular amigo, de alma generosa y gustos exquisitos, me gestionó una visita a la casa de sus padres, en Salvador de Bahía. Ellos no me conocían pero estaban en el aeropuerto, dispuestos a malcriarme desde el minuto cero. Su bahiana madre me abrazó profundo, mientras el bon vivant de su papá tiraba data secreta o melhor acarajé é da Cira. Fue en ese micro momento que decidí quererlos.

Que días los días, llegué al bullanguero Pelourinho, lo caminé curiosa y cuando bajó el sol hice amistad capoeira, tomando cravinho do pelo. Y como salvador es negro, fuego y atrevido, bahía es bonita, alegre y baila bien. Están en algún bar de Río Vermelho, donde estuve también.

Ahí cerquita, mira lo que es Olinda, una pequeña bomba colonial que explota en febrero. Casas viejitas, full of colour.

Pasando diez años, Roberto, este mi particular amigo, sigue acercándome gente querida, por esto y por mucho más, Roberto es familia.

Datos útiles: Pernambuco y Bahía están relativamente cerca, entonces si se puede, vale la pena el dos por uno. Ojota que las playas de Recife no son muy amigables para nadar, se supone que hay una maroma de tiburones dando vuelta, algo de lo que me enteré in situ. Y entonces si se viaja en familia, pueden tener en cuenta Porto de Galinhas, uno de esos típicos lugares de playa pequeños, con hoteles confortables y un centro tranquilo. Olinda es muy conocida por sus carnavales y los bonecos gigantes. Si no estás en la fecha para verlos en las calles, visita el museo para poder tener un pantallazo.

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Written by Gabi Sibilla

Publicista // Escribo pequeñas historias de viajes.

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