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Que no sea demasiado tarde

Que no sea demasiado tarde:

Sentada en el pequeño comedor blanco que ocupa un espacio del departamento que habito hace ya casi tres meses, y mientras escuchaba la canción que toca el chico de la cinfonola repitiéndola una y otra vez a cambio de obtener unas monedas en las esquinas de la calle, tuve un momento de meditación que no fue planeado, simplemente no tenia nada que hacer y muerta de aburrimiento me puse a pensar en: nada.

¿Se puede eso? Creo que si, cuando uno deja la mente en blanco y simplemente cumple con su función de estar, solo se trata de dejar de pensar, pedirle un break al cerebro, no se ustedes, pero ¡el mio es muy inquieto! Sin embargo, cuando eso sucede después de unos cuantos pocos minutos, el mismo cerebro se aburre de no pensar en nada y entonces viene con estas ideas cuyo objetivo es llamar la atención, ¿de quién? Pues de nosotros mismos.

A mi me mando esta frase de manera subita:

“Que no sea demasiado tarde” y lo primero que pensé fue ¿Tarde para qué? Y la respuesta que se vino fue:

Para sonreír
Para llorar
Para cantar
Para bailar
Para alegrar la vida a los demás
Para disfrutar los placeres del buen comer y del buen dormir
Para tener una conversación seria con tus padres
Para agradecer a mamá por sus cuidados
Para agradecer a papá por su paciencia
Para agradecer a Dios por la existencia
Para tener una mascota
Para visitar países
Para conocer tu tierra
Para saber de lo que somos capaces
Para hacer lo que nos gusta
Para dar
Para recibir
Para amar
Para vivir

Que no sea demasiado tarde:

Para aprender que la vida, como diría el Padre Hurtado, es un disparo en la eternidad, que somos tan pasajeros como las olas del mar, que nuestro momento es cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo.

Que los fanatismos religiosos y políticos no dejan nada bueno, mejor seamos fanáticos del amor, de nuestra vida, de la existencia misma.

Seamos aliados del tiempo, de la naturaleza, de los días, de las estrellas.
Aprendamos a ver con el alma y a escuchar con el corazón, quizás así logramos vernos, escucharnos y amarnos a nosotros mismos.

Seamos fanáticos del amor.

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Imágenes vía:
fc09.deviantart.net

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Written by Nancy Elizabeth Fonseca Caldera

Servidora de los demás por influencia de mis padres, buscadora de la justicia por profesión, demócrata por convicción y humanista por vocación. Creo firmemente que la libertad espiritual es el eje rector de la felicidad, creo en el valor de la familia y en que el éxito está en tener sueños y buscar las herramientas para combinarlos con acciones.

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