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El judío menos ortodoxo.

Diferentes nombres, variados personajes, situaciones infinitas pero el factor común es la esencia de aire citadino, caminante, inconforme y luchador. A veces devastado, siempre casual y buscando esconder su sensibilidad.

Lo hemos conocido como Alvy Singer, Leonard Zelig, Issac, Miles, etc. Su verdadero nombre es Allan Stewart Konigsberg, mejor conocido como Woody Allen. Es el neoyorkino más aclamado desde que su carrera cinematográfica comenzó. Nació en Brooklyn pero su corazón siempre ha estado en Manhattan.

Podría autonombrarse el padre más famoso de ese geek -nerdy look con gafas de pasta, suéter de punto, delgado y desenfadado. Pelirrojo en sus primeras películas y ahora cano en todos sus personajes.

Es un enigma saber de dónde el sr. Allen extrae su inspiración, es una mezcla de fatalismo, comedia y realismo que expresan enteramente su sentir ante esta modernidad moderada en la que todos vivimos. Eterno enamorado del Jazz y la bohemia, tanto que además de cineasta se dedica a tocar el clarinete en The New Orleans Jazz Band. Lo puedes ver tocando en New York cuando no está filmando y cuando la banda tiene presentaciones gratuitas al aire libre.

Sátira, es su segundo nombre. Siempre se ha expresado de su familia con cierto dejo de ironía, mencionando que muchos de sus pequeños “traumas” infantiles (por así llamarlos) son lo que lo hacen ver la vida de una manera tan peculiar. Se ha caracterizado porque en sus inicios siempre fue un tenaz buscador de oportunidades, ya que tocó varias puertas antes de llegar a la fama.

Pasó de escribir ciertos chistoretes para el New York Post a presentaciones de stand up comedy con públicos ansiosos de verle; a la tv como actor, hasta llegar al fondo de su espíritu creativo con la escritura de guiones. Y cuando tuvo oportunidad tomó el paquete completo: Además de escribir comenzó a desarrollar la producción y dirección de películas enteras.

Ícono de la comedia de autor con un toque de drama por supuesto. En varias de sus películas repite la fórmula de talento. Quién no recuerda a Diane Keaton en Manhattan o Annie Hall, a Mia Farrow en Comedia Sexual de una noche de verano a lado de Tony Roberts, y hablando más actualmente, a sus musas Scarlett Johansson y Penélope Cruz.

Una vida personal llena de complicaciones que como el mismo alguna vez menciono: lo hacen sentir vivo. Un personaje lleno de amoríos con sus musas, divorcios, relaciones largas que sólo se mantienen para terminar y sus siempre fieles citas al terapeuta para tratar de sacar el paquete mental que su ser genera. No dudo sea tremendo ese paquete, como no serlo si Woody realiza una película por año desde 1969.

Es absurdo que alguien teniendo ese genio y figura nunca haya querido ser reconocido en la fiesta más fastuosa del cine. Jamás ha asistido a la entrega del Óscar, a pesar de que ha ganado la terna de mejor guión tres veces (la última en 2011 por Media Noche en París) y mejor director en 1977 por culpa de Annie Hall. Este año ya estreno en EUA Blue Jasmine.

En ningún momento he visto su punto rutinario o metódico. Un Valentín que apostó por su pensamiento y creatividad y estos le han dado todo. Un personaje al que al parecer no le importa romper corazones y tener alta intermitencia en sus relaciones. Vive para soñar historias. Un judío nada ortodoxo.

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Imagen vía:
gypyandfierce.tumblr.com
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