Aventuras de chilangos.

Como toda buena foránea viviendo en DF, ya tengo mi listita de anécdotas de supervivencia que contarles, pero en primer lugar les voy a decir el dato curioso que aprendí al llegar acá.

El término chilango y su significado.

Les tengo que confesar que cuando me disponía a hacer esta investigación, tenía la idea que me habían dicho aquí en DF, que los chilangos en realidad somos la gente de provincia que se instaló en DF, la idea de que esa afirmación fuera verdad me inquietaba bastante por lo que decidí profundizar en el tema y para mi sorpresa me encontré con lo siguiente:

1. Según la real academia de la lengua española, la palabra “chilango” se usa para referirse a alguien o algo perteneciente al Distrito Federal o al Estado de México.

Este significado me pone muy feliz porque entonces se cae la teoría de que los provincianos en DF somos los Chilangos. Así qué según el diccionario de la real académico de la lengua española, no soy chilanga (Aplausos), por esta razón tendría que cambiar el título de mi artículo, pero no, porque sí son aventuras de chilangos, sólo que contadas por una provinciana.

Antes de seguir les quiero compartir este dato curioso que encontré en el artículo del ensayista Miguel Zaid, titulado “chilango como gentilicio”, describe que la palabra chilango surge de la variación de la palabra maya Xilaan, que significa desgreñado. Podría buscar más orígenes, pero a mí este me gustó y se me hizo acertado, no por qué salgan desgreñados de sus casas, pero así han de volver todos los días. No tengo nada contra los chilangos, no podría generalizar pues podría estar cometiendo una enorme injusticia, pero les voy a contar algunas situaciones a las que me he tenido que enfrentar en el DF, que sin lugar a dudas dejan ver lo que una ciudad de 23 millones de habitantes puede ocasionar, ahorita me van a entender.

Hace dos semanas salí de mi departamento, como típico lunes iba atrasada al trabajo, a pesar de las prisas iba yo muy feliz, baje las escaleras corriendo y cuando salí al pasillo y saque el iPod para escuchar música, ¡ZAZ! Me cayó agua de la nada, un gran cubetazo de agua que primero sentí por a cabeza, frente, ojos, boca, hasta que se siguió hasta la blusa. Me quede estática pues eso si no me lo esperaba, cuando voltee para arriba había una viejita que seguía tirando agua hacia abajo (obvio que si la estaba tirando, no era precisamente agua limpia). Entonces le dije “Señora que le pasa” y me contestó con un grosero y rotundo “No te vi” a lo que respondí con un “Tenga cuidado, el agua no se tira por la ventana” y a lo que me contestó “Ya cállate” y ahí estaba yo, empapada, tarde para el trabajo y siendo maltratada por una señora de tercera edad, que según mi teoría tiene una enfermedad de ponerse a mojar gente desde la ventana. Esta es solo una de las que me he tenido que enfrentar, la cuestión es que diario hay gente así y lo que me da miedo, es que sea contagioso y ¿saben qué? Yo creo que sí.

El peligro de vivir en una ciudad que vive al mil por hora, en donde todos pelean por tener un lugar desde un buen puesto hasta aun lugar en el metro, es que empiezas a aplicar inconscientemente la ley de la supervivencia.

Es increíble, en el metrobús en la televisión pasan unos programas de risa, de esos que hacen bromas a la gente, es frustrante que todos van viendo y nadie se ríe, como si fuera pecado, si te ríes quedas como loco, pero yo he hecho el experimento y a veces también la risa se contagia.

Iba a criticar a los chilangos en este artículo, pero al final son mis anfitriones en esta etapa de mi vida y saben, más bien los compadezco, es gente que se la rifa todos los días, no justifico que sean groseros, pero sí que llevan una vida difícil que tal vez en provincia no entenderíamos y por lo mismo a veces no valoramos la tranquilidad en medio de la que vivimos.

Mi consejo a los foráneos que vivimos en DF es que conservemos la paz, que no dejemos que nos envuelva la prisa en la que se vive en esta ciudad tan grande, que pongamos el ejemplo y seamos buenos visitantes, y sobre todo y lo más importante: que en caso de temblor no salgan corriendo de la oficina si no quieren que después se les quede por siempre y para siempre el apodo de “Speedy González”.

Imágenes vía:
imagenes.visitagratis.com

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