La libertad no tiene cara de perro.

“El poeta debe respirar vida;
no creo en la libertad que tiene cara de perro.
El poeta está siempre con los encendidos,
con los dueños de la calle y los dueños del amor”

Efraín Huerta

Nació
en Silao
1914.
Autor
de versos
de contenido
social.

Embustero
Larousse.
Yo sólo
escribo
versos
de contenido
sexual.

Carballo y José tienen en común que me prestaron libros de poesía de Efraín Huerta. Yo escuchaba en ese entonces a Botellita de Jerez, de modo que conecté muy pronto con su poesía, porque encontré a un tipo dueño de sí mismo; un poeta libre que para exteriorizar utilizaba sin miramientos lo que estuviera a su alrededor y lo convertía en poesía. Poco le importaba que las palabras que utilizara no estuvieran en el canon de las poéticas.

La del piernón bruto me rebasó por la derecha:
rozóme las regiones sagradas, me vio de arriba abajo
y se detuvo en el aire viciado: cielo sucio
de la Ruta 85, donde los ladrones
me conocen porque me roban, me pisotean
y me humillan: seguramente saben
que escribo versos: ¿Pero ella? ¿Por qué
me faulea, madruga, tumba, habita, bebe?

Con la invención a flor de piel, trastocaba con una letra o una palabra un dicho, un verso. Todo se parece a sueño. Y así era él: un siervo de las palabras. Como decían los antiguos: “El cáncer me hizo lo que el viento a Juárez. No así la poesía, que todo el día me tiene postrado, agonizante. Pero, insisto: vivo y bebo y trabajo como cien mil demonios angelicales”.

Hace un par de años, estando en Suiza, lo recordé. Asombrado por tanto arte reunido en un museo de una ciudad pequeña, les escribí a mis amigos una postal: “En un museo de Lucerna hay veintiséis Picassos, diez Chagalles, Klees, calles hermosas, Kandinskys, tres Cezannes, un río donde descansan los Alpes y cincuenta mil habitantes. En Silao hay cien mil habitantes, pero ahí nació Efraín Huerta”.

Me llenó de orgullo recordar que en una ciudad vecina surgió tanto arte; y que vale más la pena hacer que coleccionar. Porque para el primero necesitas dinero y vocación; y para el otro necesitas huevos y corazón.

Mañana hubiera cumplido noventa y nueve años el Cocodrilo poeta. Mañana me tomaré un whisky leyendo Juárez – Loreto.

Ella es mi propio secreto,
la invisible de mí mismo: mi conducta
en la carne de los jardines, en el alma de las playas
cuando hacia ellas voy con las manos cantando.

Mi voz es el resumen de todos los insomnios:
mi adolescencia mediocre y sencilla
como una ceniza palpitante.

No lloraría por mi ternura finalmente enterrada
ni por un sueño herido sentiría fina tristeza,
pero sí por mi voz oculta para siempre,
mi voz como perla abandonada.

(Efraín Huerta, últimos versos del Primer canto de abandono).

_________

Imagen vía
http://patternity.org/archive/page/13/

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