El último día.

A pesar del día caluroso la plazuela esta vacía, esta lluvia de verano ahuyentó a todos y por el momento sólo quedan las palomas refrescándose en los charcos. Envidio tanto su libertad que prefiero mirar hacía otro lado.

Me pregunto ¿cómo estarás? Aún recuerdo aquella mañana lo feliz que me encontraba imaginando nuestro encuentro, no me importó vestir a detalle, del modo que fuera estaría bien porque ninguna de mis prendas podría frenarte; sabía que no perderías el tiempo en despojarme de ellas.

¿Pude haber intuido que sería la última vez que te vería? Al menos no lo pensé en el momento que bajaba cautelosa pero segura la calle empedrada, mojada por la lluvia calida de aquel verano igual al del día de hoy.

Llevaba el cabello sujetado a modo de cola de caballo y un vestido corto y sencillo; sólo yo sabía lo que eso implicaba, sólo yo sabía hacia dónde me dirigía y si bien pude haberme detenido, no lo hice.

Ahora recuerdo tus palabras aquél día. Sujetaste mi rostro con ambas manos y me dijiste que darías tu alma por saber que pasaba por mi mente en ese justo momento. Sin miedo te respondí que pensaba en el dulce sabor de tus labios delicados llenos de tantas palabras de amor, en tu mirada segura e ingenua que oculta una misteriosa sabiduría y que tus brazos parecían tener el termostato indicado para darme el calor necesario al momento de reposar en ellos.

Ese día fui tuya y no pude más que entregarme a la utopía del momento, entregarme al reflejo en tus ojos; envuelta en los dulces tonos que emanaban de tu boca me trasladaba a un mundo distante, un mundo donde tú eras mío, un mundo donde podrías amarme y no solo poseerme en secreto.

¿Cuántas historias como la nuestra se estarán contando? ¿Alguna de ellas se estará viviendo del mismo modo que la nuestra? Las campanas de la Iglesia llaman a la gente que comienza a salir de sus casas y el aroma a café llena la plazuela, algunos como yo han decidido prender un cigarro.

Ese fue el último día que tuve noticias de ti y hasta ahora sigues presente en mi mente como si nunca te hubieras marchado.

¿Estaré delatando con mi mirada la melancolía que despierta en mí este sueño de amor? No lo creo, el mundo no es conciente de que se escribió una historia como la nuestra, se ha dejado de sentir y apreciar lo que implica un romance a cuesta del deseo, la pasión y los sueños que se fugan de vez en cuando desde el corazón de algunos amantes de antaño.

¿Tú sueñas cómo yo? Entonces no olvides despertar a tiempo, aunque no sería yo quien te juzgara si no lo haces y si algún día vuelves, recuerda con cariño la historia que vivimos, que no morirá porqué la sentirás al respirar el aire y caminar por el mismo pueblo que sintió en silencio nuestro encuentro y fue cómplice de ello.

Yo te estaré esperando en el mismo lugar, mientras le cuento al mundo la historia de tu chica de grandes ojos y sonrisa traviesa.

Por siempre tuya, Sophia.

___________

Imagen vía:
taringa.net

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