Los árboles torcidos.

Lo más bello que hay en el mundo
es un rayo de sol atravesando la copa de un árbol.

Ludwig van Beethoven

Eran soberbios estos árboles.
Casi diría que había un drama en cada figura,
es decir, en cada árbol.
Van Gogh

El refinamiento estético del arquitecto Luis Barragán era tal, que convertía lo prosaico de las cosas cotidianas en poesía. Bien se podría decir que era un poeta hasta en prosa. Incluso lo que para algunos era desecho para él era arte; y en una especie de Do It Yourself compraba árboles torcidos. Salvador Novo escribió en una nota de prensa la manera en que se expresaban de Barragán sus detractores: ya conocemos las actividades de ese loco que anda echando a perder a los dueños de los invernaderos porque les compra los árboles chuecos, enfermos que nadie les ha llevado nunca, y se los paga hasta a veinticinco pesos.

Creo que hay misterio cuando se ve la copa de un árbol detrás de un muro, revelaría en uno de sus discursos su devoción por los árboles.

La clave para descifrar la concepción poética de Barragán hay que buscarla en cómo vivía, en qué gastaba sus horas, sus amigos, sus libros, lo que veía en sus ventanas. Lo que hace a un gran médico o a un gran poeta, dice Max Jacob, no es el número de libros que hayan leído, sino la calidad de su vida interior: la digestión de los conocimientos y la búsqueda.

Imagen vía
plataformaarquitectura.cl

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