El barrio de todos y de nadie.

Nunca pude descifrar tantas historias en un minuto; fue en esa esquina entre Atlixco y Campeche en ese barrio de nadie, a las casi nueve de la noche que montada en un auto de cuatro puertas de las cuales dos son difíciles de abrir, porque nadie encuentra las manijas; y con las valijas adentro de la cajuela, llenas de muchos miedos porque me había quedado temporalmente sin casa, que mil suertes se desbordaron mientras aguardaba porque mi nuevo casero me recibiera temporalmente en una de sus habitaciones.

Esos minutos bastaron para ver pasar a algunos muchachos eclécticos hablando sobre literatura, a una argentina con tono alto diciendo que pronto todo se resolvería, a un tipo con audífonos grandes paseando a un golden recién bañado y a los valeteros escogiendo a su próxima víctima. Sin más preámbulos ni antesalas algunas bicicletas me susurraron que debía de estar tranquila porque ese barrio me recibiría con muchas historias por oler, escuchar, degustar pero sobre todo vivir.

Y esas fachadas neoclásicas y californianas que se convertían en la recepción de lofts que reivindicaban a lo antiguo, hablaban por si solas para confirmar que en este barrio nada y todo estaba dicho, y aunque su ubicación está inmersa en el centro de una gran ciudad, y los hoteles boutique, galerías, librerías, cafés y restaurantes de autor son parte de su firma, su alma de poca pretensión es lo que convierte a cada una de sus calles en un escenario urbano para encontrar lo que sin saber estabas buscando. Lo arbolado de la Mazatlán o lo ancho de la Alfonso Reyes, te van dictando nuevas frases con personajes tan diferentes que lo único que los podría unir sería el amor por las calles en las que se olvidan de lo complicado de una gran ciudad y se vuelven los mejores diseñadores de un mundo que ni conocen.

Ese tiempo me basto para saber que esta Condesa no era de la realeza, ni tenía sangre de gran ascendencia, un barrio que se recuperó no hace muchos años y con pasado porfirianamente aristocrático, se propone como uno de los colectivos de calles más emblemáticos de la Ciudad de México, punto de reunión de muchas promesas para escritores, artistas, publicistas y uno que otro ingeniero que gana lo suficiente para comprarse el loft ofertado en dólares en el corazón de la calle Nuevo León. Este sitio sin duda tiene voz propia porque resume la historia de un barrio que inicio siendo una hacienda, para después ser un hipódromo y tras atravesar graves hundimientos después de un terremoto convertirse en un sitio al que le sobreviven las señoras de mucha edad que nunca imaginaron que sus casas ordinarias de los 70´s se volverían el blanco de nuevos arquitectos o productores de películas que ofertarían lo inimaginable para salvarlas de su antiguo o nulo abolengo.

La Condesa sabe de ti sin que tú sepas de ella siempre augurándote que en este barrio serás de todo y serás de nadie.

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