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Entrevista a Enrique G de la G, la pasión por el arte.

El escritor Gabriel Zaid dice en su ensayo Lo Expresivo y lo Oprimente: “Estamos hechos para encuentros felices. En las personas y en la naturaleza, hay algo así como una gravitación a ser más, algo que está pidiendo el encuentro”. Estas líneas resumen con precisión mi encuentro con Enrique G de la G: una de las mentes más lúcidas y exponenciales que he conocido.

Enrique G de la G nace en San Pedro Garza García, en 1979. Cuenta con un doctorado en Filosofía por la Humboldt-Universität de Berlín, donde investiga sobre la metafísica aristotélica. Como escritor colabora en revistas culturales tales como La Tempestad y Letras Libres. Asimismo, se pueden encontrar textos suyos en las publicaciones alemanas Die Zeit y Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung.

Enrique G de la G es también un amante de la fotografía y de las artes, inclinaciones que alimentan su blog Philosophisches & Literarisches SehLoft: un espacio en el que el autor reflexiona, observa, critica y exalta las manifestaciones artísticas que le inspiran.

“La expectativa creadora de otros nos permite llegar a ser creadores,” dice Gabriel Zaid, y agrega: “El amor nos ‘obliga’ a crecer, ‘saca’ lo mejor de nosotros. Nos hace ser más. Aumenta la realidad”. Y es ese amor por las artes lo que detecto en mis conversaciones con el escritor y filósofo Enrique G de la G, un pensador de argumentos brillantes y sólidos a quien entrevisto para expandir la realidad, recrearla, aumentarla.

Ricardo Zárate: ¿En qué consistió el proceso que consolidó tu vocación filosófica? ¿Hubo momentos fundacionales que influyeron en tu decisión? Y en un plano más general, ¿cómo descubrir y reconocer nuestra vocación personal y profesional?

Enrique G de la G: Tengo una aversión alérgica a la palabra “vocación” porque ha sido instrumentalizada por algunas religiones para atraerse creyentes. No creo que haya una vocación, sino pasiones que se siguen o que se esquivan por miedos, inseguridades, complejos… Pienso que las pasiones nos orientan a reconocernos y, en momentos turbulentos, a buscarnos.

En mi caso, desde niño quise dedicarme a las letras, a leer y escribir. Un profesor de la primaria fue quien primero me animó a escribir, y gracias a él comencé mi primera novela a los once años. Pero sin duda el ejemplo más determinante fue mi abuelo, un ávido lector, un poeta autodidacta con fiebre de horizontes.

Siempre me interesó y me apasionó el arte; la filosofía apareció en la adolescencia. Me apasiona la filosofía, sin duda, pero mi pasión más profunda o antigua es el arte.

Ricardo Zárate: En Alemania sostuviste un encuentro con Yoko Ono, mismo que ha quedado documentado en revistas culturales mexicanas y alemanas. En la esfera personal, ¿qué impronta dejó en ti este intercambio con la legendaria artista y activista social, casada con John Lennon?

Enrique G de la G: El editor en jefe de la revista donde trabajaba no quiso asistir a la entrevista y me ofreció la oportunidad. Después, como se vio por el subtítulo que le puso al texto y que vi cuando la revista había salido ya de la imprenta, advertí que él no sabía que Yoko Ono era artista. (Curiosamente, el número actual de esa revista, Weltkunst, tiene a la artista Yoko Ono en portada.)

Me citaron en el bar del hotel Kempinski, en Berlín. Llegué una hora antes y esperé en un café, frente al hotel. Estaba consciente de que la entrevista debía girar sobre ella y su obra, y no sobre los Beatles o John Lennon.

Cuando entré al bar, diez minutos antes de la cita, ya estaba ella en una esquina, de negro y con sombrero. Me pareció mucho más joven de lo que es, esa constante entre los japoneses. Le dije que de niño había aprendido inglés escuchando las canciones de los Beatles mientras leía la letra en las fundas de los LPs, dije algún chiste, y así se rompió el hielo: nos caímos bien y la conversación fluyó muy gratamente.

Ella fue quien mencionó a Lennon, en concreto el impacto que le dejó su asesinato. Contó que para ella fue muy difícil perdonar al asesino, que necesitó mucho tiempo y esfuerzo, pero que valió la pena y que lo ha perdonado. Eso fue lo que más me impresionó, por lo que mi imagen de Yoko Ono cambió por completo durante nuestra conversación: dejó de ser la bruja que siempre había imaginado.

Ricardo Zárate: Mena Trott, bloguera fundadora de Movale Type, cuenta que los blogs son un medio para compartir nuestras vidas. En tu blog Philosophisches & Literarisches SehLoft, uno puede encontrar fascinantes asociaciones. ¿Qué impulsó su creación?

Enrique G de la G: La lectura de Marcel Proust. En En busca del tiempo perdido, Proust se divierte encontrando parecidos entre sus personajes –las personas de su vida– y figuras perdidas entre las obras de arte (esto se ha puesto de moda otra vez en fechas recientes). Cuenta por ejemplo que Odette de Crécy se parece mucho a la Céfora que pintó Botticelli en uno de los muros de la Capilla Sixtina. Busqué la imagen para tener una impresión más correcta de Odette, y le encontré parecido también con Svetlana Khorkina, la gimnasta rusa que tanto me gustaba. Ese fue mi primer sosias.

Tiempo después, y de forma independiente, un amigo comenzó a hacer estos mismos ensayos visuales. Por él supe que era un pasatiempo de Lawrence Weschler y de los lectores de McSweeney’s, que había incluso un libro, concursos y muchos posts. Ellos los llaman convergencias, pero yo adopté el nombre clásico de sosias (sosías dicen en Argentina y otros lugares), que aparece en el DRAE y remite a un personaje de Plauto.

Según el archivo de McSweeney’s, mi primer sosias fue anterior a su primer convergencia; ellos dejaron el tema por la paz hace ya año y medio, y yo sigo con mis ensayos visuales.

Mientras tanto, hay otra página que se ha apoderado de los sosias y que recibe contribuciones de muchísimos lectores anónimos: Totally Looks Like. Ahí el interés es más humorístico y se concentran en la cultura pop; por mi parte, intento restringirme al arte y la fotografía.

Ricardo Zárate: El filósofo Fernando Savater dice que, en su experiencia, los jóvenes universitarios acusan dificultades para leer, comprender textos sencillos y expresarse por escrito. ¿Te has enfrentado con esta situación en tu experiencia docente en México y el extranjero? ¿Cómo lo anterior habla de la calidad del pensamiento de la juventud?, ¿qué consecuencias tiene/tendrá este deterioro?

Enrique G de la G: Mi experiencia docente se restringe a México, a nivel preparatoria, licenciatura y maestría. Y sí: a diferencia de los alemanes y europeos en general, el mexicano tiene serios problemas para expresarse. Por eso mismo tengo serios problemas con el castellano, me parece un idioma poco rentable y que carga con el lastre de haber madurado en el barroco. Eso afecta nuestra manera de comunicarnos e, inevitablemente, de pensar. Por ejemplo, justo mañana tengo que recordarles a mis alumnos de filosofía que la palabra “filósofo” se escribe con tilde, pues acabo de leer un trabajo donde aparecía manca esa “o”: ni siquiera los estudiantes de filosofía son suficientemente críticos.

¿Concatenar conceptos, desarrollar ideas, expresar un punto de vista? Son lujos que los profesores universitarios rara vez logramos espulgar entre nuestros alumnos. En México no se educa para pensar, sino para memorizar y para transcribir lo que el profesor escribe en el pizarrón.

Mientras no enseñemos –desde la cuna, la casa y el aula– a pensar, no habrá una sociedad crítica. Y eso es suficientemente terrible.

Coyoacán. Febrero, 2013.

Sigue el blog de Enrique G de la G, Philosophisches & Literarisches SehLoft

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Written by Ricardo Zárate

Escritor de cine.

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