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Entrevista con Gustavo Villegas. La belleza de la Destrucción

Originario de Querétaro, el artista, Gustavo Villegas, presentó en la Ciudad de México, la exposición Relatos de una Destrucción que muestra la dicotomía entre la belleza y lo efímero de las creaciones del hombre.

Con tan sólo 37 años de edad, ha presentado su obra en distintos estados del territorio mexicano, así como en la India, Canadá, Suecia, Suiza y Nueva York.

Relatos de una Destrucción es parte de una colección grande y variada del también diseñador gráfico, le sigue Imaginofagia de la Destrucción y la conforma Los Papeles Intervenidos: Peligro. La referencia de esta colección son los autos y el punto central es la destrucción; cada pieza muestra formas azarosas que se producen al momento de un choque y en cada pliegue del papel con el que trabaja estas piezas, hay una intención.

Además, en sus obras más ambiciosas y monumentales se ven plasmados fotogramas cinematográficos en los que se ve no la destrucción, por algún elemento de la naturaleza, sino por la mano del hombre.
Con una metáfora poderosa ha tocado profundamente las reflexiones de los espectadores, dando la impresión de la fragilidad de los objetos y la atracción que tiene el ser humano por la destrucción.

La Galería Ricardo Reyes Arte, lo apoyó de manera significativa para que más gente pudiera conocer estas pinturas de formato mediano y de gran formato, todas, intervenidas tridimensionalmente. Quizá la obra más llamativa es el mini Cooper en el que da la ilusión de un choque. La ilusión es el juego que más le gusta al artista, lo incorpora con la realidad y con la percepción.

Viridiana: ¿Cuál fue la reacción de la gente con tu obra?

Gustavo: La gente está contenta, los clientes de Ricardo (dueño de la galería Ricardo Reyes Arte) ya conocían un poco de mi trabajo. Pasa que con mi trabajo, cuando lo ves en fotografía es muy diferente que verlo en vivo, por esta tercera dimensión que tiene, como que lo aplana todo en una toma, pero cuando la gente lo ve en vivo dice ¡wow! Y de pronto sale esa parte.

Las últimas piezas con las que he trabajado son para una exposición que voy a presentar en Querétaro, fotogramas cinematográficos donde vemos la destrucción espectacular que sucede en el cine, cosas que son hechas por el hombre y se destruyen. Tenía ganas de hacer algo monumental, que fueran piezas muy grandes con mucho color.

Viridiana: ¿Por qué crees que tenemos esa necesidad de destrucción?

Gustavo: Tenemos esa hambre de ver lo ajeno, en el cine somos espectadores, eso lo convierte en algo lejano, estamos cada vez más invadidos por imágenes en el cine, en la publicidad.

Mi arte es una metáfora de la sociedad contemporánea, tenemos el ímpetu por la velocidad, como los autos, que son como mi referencia social, somos frágiles como este elemento y además atractivos.
Es una buena metáfora de la sociedad y del ser humano y es como esta necesidad a pesar de que buscamos bienestar, también nos autodestruimos.

En el cine, es cada vez más espectacular y es más frecuente ver más destrucción, vemos más explosiones y se vuelve más atractivo. Tenemos una gran necesidad de verlo pero al mismo tiempo, somos ajenos de muchas formas.

Viridiana: ¿El consumismo es parte de este proceso?

Gustavo: ¡Claro! Se nos han caído los esquemas de dónde nos sosteníamos, nuestros padres y abuelos se sostenían quizá de la religión, pero, poco a poco esos dioses han caído. Nosotros nos sostenemos del consumismo, la moda, del cine, por otro lado estamos vacíos por dentro, esa dicotomía trato de representarla en mi obra; esa belleza y destrucción que existe en nosotros mismos.

Viridiana: El auto es un elemento de deseo, te refieres al estatus, porque es lo primero que piensas ¿Esto tan ostentoso de los coches te provoca algo? Veo que es el punto central de tu obra.

Gustavo: En este momento el automóvil es mi referente, pero el punto central de mi obra es la destrucción. Sí, representa el estatus social, la apariencia que tiene en relación con la persona, tienen personalidad y encajamos con esa personalidad. He trabajado con autos clásicos y de lujo, el auto es una pieza de diseño y es creada por el hombre con esos significados y lecturas que tiene.

El día de mañana no sé si trabajaré con edificios, pero lo que me gusta es que lo que creamos día a día se va destruyendo, yo soy más viejo que hace un segundo… Esto pasa también con los objetos que hacemos.

Mi trabajo con autos empezó en los deshuesaderos, me parecía muy atractivo este cementerio de autos, quería ver las láminas, no la sangre, no la persona, no el morbo, sólo el objeto.

Tengo ganas de representar quizá una ciudad destruida, tomar televisores o electrodomésticos, que por el uso van cambiando.

Viridiana: Es lo material, no es quien consume, sino lo que se consume…

Gustavo: Y como reflejo de la sociedad…

Viridiana: Y reflejo de quien lo crea…

Gustavo: Exacto.

Viridiana: ¿Qué tan difícil es trabajar con óleo sobre una pieza como un coche? ¿Es un proceso complejo?

Gustavo: ¡Es bien padre! Técnicamente todas las piezas son sobre óleo en dos dimensiones. Empecé trabajando una parte del automóvil y luego toda la pieza. Es papel y trabajé mucho con la relación del papel y cómo se va arrugando y de ahí damos la tridimensionalidad, tiene mucha relación con la lámina chocada, me da la materialidad del choque.

No lo hago en la tradición de la pintura, es pintura expandida gracias a la tridimensionalidad que le da el papel.

Viridiana: ¿Tú trabajas con alguna marca? ¿Te dan las piezas para que trabajes sobre ellas?

Gustavo: No. Las marcas venden seguridad, venden un auto que debe transmitir ese algo de que al que lo conduce no le va a pasar nada, entonces, choca con mi filosofía.

Viridiana: ¿Alguna marca te ha reclamado por usar sus coches?

Gustavo: No, aún no. Sé que mini (Cooper) trabaja en la semana del diseño, pero nada más.

Viridiana: ¿Alguna marca te ha buscado para aprovechar tu creatividad artística?

Gustavo: Aún no.

Viridiana: ¿Tuviste algún accidente o de dónde nació la idea de utilizar el auto como referente?

Gustavo: Sí, he tenido la experiencia de la destrucción dentro de un auto. Pero sólo quiero que la gente se pregunte sobre la dicotomía de la belleza y la destrucción, no sobre el individuo.

Las escenas del cine, por ejemplo, que son ajenas de alguna manera a nosotros, pretendo que inquieten y espero que la gente se quede con impacto estético muy fuerte, es lo que me gustaría que la gente vea de entrada la reflexión de mi obra y que después se hagan todas las lecturas de los elementos.

Estamos cada vez más locos y somos cada vez más autodestructivos.

Viridiana: ¿La destrucción es algo que naturalmente nos gusta?

Gustavo: Yo creo que es generacional, acabo de leer un libro de José Ignacio Padilla, ‘La Industria del Fin del Mundo’, como sociedad buscamos referencias como el 2012 y el fin del mundo, lo buscamos, nos interesa pero creemos en que nos vamos a salvar.

Las piezas monumentales de cine no muestran una ciudad destruida por un tsunami, ni por una tormenta sino porque nosotros destruimos lo que hacemos. Las pinto con el mayor cuidado, en el extendido y luego entra la acción de destruir la obra y generar esta estética.

Se vuelve muy azaroso, sé que estoy en la acción de la destrucción del coche, por ejemplo.

Viridiana: ¿Cuánto te tardaste en trabajar en esta sola pieza? Mini Cooper.

Gustavo: Toda la serie la trabajé durante el 2013, junto con otros proyectos.

En Los Papeles Intervenidos, Peligro, retomo el documento que habla del accidente de tránsito o de las reparaciones del auto. Le imprime carácter y le suma a mi pieza, el soporte, lo hecho a mano, los sellos. No es la pintura como tal, el soporte se vuelve parte de la pieza.

Nos agarramos de las cosas materiales sin darnos cuenta de su fragilidad ¿Lo crees?

Los objetos se vuelven una extensión nuestra, lo interesante es que todo cambia, cada segundo todo es diferente, es el reflejo de a dónde vamos como sociedad.

Viridiana: ¿Cómo es la respuesta de la gente de la Ciudad de México en comparación con la gente de Querétaro?

Gustavo: Es diferente a la gente de Querétaro, de donde soy originario, pero, represento a toda una generación. Siempre he hecho lo que me da la gana, igual me preguntaba ¿quién se va a interesar en mis piezas? La gente lo ha recibido muy bien, se muestra interesada y no se queda con la primera capa de ¡qué bonito! se va reflexionando se cuestiona, esa es mi mayor satisfacción.

Viridiana: ¿Pones todo al servicio del arte?

Gustavo: He tratado, creo que sí, porque siempre he trabajado con mis inquietudes, insisto ¡hago lo que me da la gana! Hago lo que es afín a mí, es lo que veo, no descubro el hilo negro, no tomo algo de la nada, lo vemos todo el tiempo, la destrucción está latente, pero pasa desapercibida.

Viridiana: ¿Cómo ambientas los espacios en los que presentas tu trabajo? ¿Cómo recibes a la gente?

Gustavo: No hubo música porque hay mucho eco aquí en la galería (risas) pero, me encanta que la gente se sienta cómoda. Cuando llegan siempre los recibo muy bien, lo hago todo muy íntimo.

Viridiana: ¿Escuchas música mientras estás trabajando?

Gustavo: Sí, escucho de todo, soy muy abierto, puedo iniciar con música clásica y terminar con lo más pop.

Viridiana: ¿Cuál es tu pieza favorita?

Gustavo: Me gustan todas, todas tienen su particularidad. Disfruto mucho mi trabajo, espero que se venda, pero si no vende, yo me la paso bien, me divierto. Se me pasan las horas, cuando trabajé sobre el mini Cooper se me olvidó hasta comer (risas). Trabajé mucho en el color, en igualarlo y que se viera muy realista el choque.

Todo el tiempo tomaba un registro fotográfico de cómo va avanzando el proceso, me parece divertido lo que va pasando momento a momento. Es un juego importante entre la realidad, la percepción y la ilusión.

Viridiana: ¿Cómo te viene el apoyo de la galería?

Gustavo: Ha sido súper importante, no es lo mismo trabajar para mi, cuando ya montamos todo ha sido súper emocionante.

Además de las piezas artísticas están los catálogos y la marca de ropa que plasmó los autos en las playeras.

Yo soy diseñador gráfico así que también trabajé en estos folletos, a veces se acaba la exposición y no queda nada, entonces es una manera de reforzar mi trabajo. Además me sirve para ver el proceso y mi trayectoria.

Las playeras son súper divertidas a mí me suma, esta marca de ropa urbana se llama Pillbox. Los dueños de la marca, me llamaron para que trabajáramos en este proyecto, entonces, como quien ve mi trabajo es gente joven también recibió muy bien este material. Que se pueda portar la pieza es muy divertido.

Viridiana: ¿Cómo te ha ido a nivel mundial?

Gustavo: Ha sido muy interesante, las referencias internacionales y de los jurados sirven mucho para que me pueda dar cuenta del nivel en el que estoy. Ser seleccionado para una exposición en el extranjero y ser premiado con una residencia artística, me dice que las cosas que estoy haciendo van por buen camino. Mi metáfora es universal y es un tema afín a todos y eso me abre las puertas allá afuera.

Actualmente está de vuelta en Querétaro para presentar Imaginofagia de la Destrucción.

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Escrito por Viridiana León

Medio periodista y medio filósofa...
Creativa, curiosa, habitante del eterno retorno y artista del hurto.

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