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Somos la Atenas de por aquí.

Los leoneses confunden lo grandote con lo grandioso.
Jorge Ibargüengoitia

Los habitantes de Cuévano (Guanajuato capital) suelen mirar a su alrededor y después concluir:

—Modestia aparte, somos la Atenas de por aquí.

Cuévano es ciudad chica, pero bien arreglada y con pretensiones. Es capital del estado de Plan de Abajo, tiene una universidad por la que han pasado lumbreras y un teatro que cuando fue inaugurado, hace setenta años, no le pedía nada a ningún otro. Si no es cabeza de la diócesis es nomás porque durante el siglo pasado fue hervidero de liberales. Por esta razón, el obispo está en Pedrones (Ciudad de León), que es ciudad más grande.

—Los de Pedrones —dicen en Cuévano— confunden lo grandioso con lo grandote.

Estas ruinas que ves, exquisita novela de Jorge Ibargüengoitia, retrata muy bien el sentimiento de presunción que en ocasiones se apodera de las cosas que hacemos. Muchas ciudades quieren ser la Atenas de por aquí y están dispuestas a lograrlo incluso a costa del engaño.

Tal es el caso de los diez edificios más altos del mundo que, a principios de este mes, fueron desenmascarados por el Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano (Councilon Tall Buildings and Urban Habitat –CTBUH-), organización internacional con sede en el Instituto de Tecnología de Illinois de Chicago, que reveló en su más reciente estudio que al menos el 27% de su estructura es superflua. Con tal de obtener el galardón al edificio más alto, le hacen picos sobre los picos de los picos para alcanzar más altura. Por ejemplo, el Burj Khalifa (Dubai, Emiratos Árabes Unidos), sin su aguja de 244 metrosse reduciría a una altura de 585 metros.

En este texto de Louis Khan, uno de los arquitectos más importantes de la historia, deja en claro la diferencia entre grandote y grandioso. La monumentalidad es enigmática. No puede crearse intencionalmente. No son necesarios ni el material más exquisito ni la tecnología más avanzada (…) La monumentalidad en arquitectura debe definirse como una cualidad espiritual inherente a la estructura que porta en sí la inmortalidad. Nada se le puede agregar o cambiar. Reconocemos esta cualidad en el Partenón, el símbolo reconocido de la civilización griega.

No basta con querer tener el mejor edificio del mundo o el más alto. Hace falta situarnos en un punto creativo y espiritual que nos predisponga a diseñar la Atenas de por aquí.

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Imágenes vía:
Makkah Royal ClockTower Hotel.
Burj Khalifa.

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Escrito por Renato Solares

Arquitecto, filósofo y artista. Realiza desarrollos inmobiliarios.

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